27 ene 2025

UN CUARTO DE SIGLO

 


"La persistencia de la memoria" Salvador Dalí 

El anterior cuarto de siglo, desde 1975 al 2000, los años pasaban cargados de sucesos, como si la historia se estuviera despertando a la vez que nuestras propias historias individuales se entremezclaban con lo que ocurría en España. La querida España que cantaba Cecilia en 1975  “de las alas quietas, de las vendas negras sobre carne abierta” daba paso a esa otra  que compuso Víctor Manuel  en 1984, la España, “camisa blanca de mi esperanza, aquí me tienes, nadie me manda. Quererte tanto me cuesta nada”. Eran años llenos de ilusión por la certeza de lo bueno que se estaba construyendo y lo que vendría. ¡El año 2000 quedaba tan lejos! todo cuanto imaginaba relacionado con él ocurría en sociedades y mundos fantásticos poblados de personas y maquinas asombrosas.

Y llegó el nuevo milenio con el Año del Dragón según el horóscopo chino. Los desastres anunciados por los catastrofistas, como consecuencia del llamado “efecto dos mil” quedaron en agua de borrajas. Eso sí, el euro entró a formar parte de nuestras vidas y la querida peseta desapareció. La inmigración produjo uno de los cambios más notables en nuestra sociedad y se pasó a utilizar la palabra multicultural para definirla. En febrero del 2000 entro en vigor la nueva Ley de extranjería.

El mundo se trastocó el 11 de septiembre de 2001. El ataque a las torres gemelas en la ciudad de Nueva York, corazón financiero de EEUU, fue una imagen que todos pudimos ver sin creer en lo que estaba pasando. A partir de entonces, me da la impresión, de que todos pasamos a ser un poco menos libres. En 2004, la estación de Atocha sería el lugar elegido por los terroristas.

Con el nacimiento de la red social Facebook en 2009, comenzó una diferente forma de comunicación globalizada que aumentaría de forma descontrolada hasta hoy con la suma de otras como Twitter o Instagram.

Aquellas ideas que nos ilusionaron en los años 70’ y 80’  volvieron a asomarse el 15M en 2011. “Los Indignados” como así se les llamó, zarandearon la adormecida deriva política marcada por el bipartidismo. O eso parecía entonces. Porque como decía Lampedusa en su obra “El gatopardo”: - si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie-

La pandemia producida por el Covid en 2020 ha modificado nuestra vida cotidiana. Los cambios, adoptados ya de forma aparentemente natural, aunque su digestión aun nos provoca algún que otro malestar que no sabemos muy bien donde ubicar.

Ante el desencanto que se respira de forma inevitable, recordaré las sabias palabras de Don Antonio Machado que también hablan de España: “hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y una España que bosteza”. Este mes de enero empieza el último año del primer cuarto de siglo del S XXI. Pensarlo me produce vértigo. 2025 ¡allá vamos!

"Andar" Cecilia



 

 

 

 

10 ene 2025

MARIPOSAS AMARILLAS Y TÓRTOLAS DE SAL

Una semana cualquiera de hace 50 años, el repartidor de Círculo de Lectores me llevó a casa la esperada novela de García Márquez “Cien años de soledad”. Esa misma semana fui castigada sin salir con mis amigas por alguna razón que para mí era a todas luces injusta. La confluencia de estos dos sucesos hizo que Macondo se convirtiera en mi refugio durante dos intensos días en los que no fui capaz de despegar la mirada de las páginas del libro, sólo para dormir, hasta terminar su lectura.

Fue la primera de otras muchas, ahora estoy en una de ellas. Desde que supe que se iba a hacer una serie de esta historia siento inquietud como si tratase de mí y me preocupa el resultado. Cien años de soledad me han acompañado a lo largo de casi toda la vida. En la actual sociedad de la imagen emergen  paisajes y personajes que no sé si tendrán algo que ver con los que habitan mi imaginación.

Me parece casi poético este resurgir apasionante de la novela más mágica,  justo cuando el mundo gira desbocado; tampoco en él  reconozco muchas de las imágenes que, a diario, asaltan mi serenidad.

El “realismo mágico” (¡que expresión más preciosa!), tiene un espejo que lo refleja en la novela española, “La Península de las casa vacías” de David Uclés. Desde que empecé a leerla no pude evitar viajar una y otra vez desde Jándula, donde vive la familia de Odisto, al pueblo de los Buendía a pesar de no parecerse, aparentemente, en nada. En ambas, sin embargo, se entremezclan lo mágico y lo real llevando al lector por caminos y sensaciones inusuales.

La península de las casa vacías ha sido un gran descubrimiento para mí, por el tema que trata, los años en los que transcurre la historia y la zona geográfica donde se desarrolla. Aquí no aparecen mariposas amarillas pero si tórtolas de sal.

En ambas novelas la lluvia tiene una presencia importante, en Macondo llovió durante cuatro años, once meses y dos días y durante este tiempo ocurren cosas terribles. En la Península de la novela de Uclés llovió tanto que se aplicó la Ley Queda por la que se detenía el conteo de los días hasta que amainara “esta es la razón por la que en los libros aparece que aquel aguacero se dio solamente en la madrugada del 14 de julio…..cuando en realidad duró 28 días…”. En las dos obras, la lluvia sirve de cortina tras la que pasan otras cosas. 

La llegada de las compañías bananeras en una y la Guerra civil en la otra, son el lienzo donde  se dibujan historias que narran la transformación de una sociedad. Todo ello velado por el, muy necesario, realismo mágico.

Siento que ahora, igual que en Macondo o Jándula, vivimos un momento crucial. Quizás aquí el detonante haya sido la pandemia global que nos dejó (como la lluvia de Paiporta) el fango pegajoso adherido a lo cotidiano hasta el punto de que, a veces, resulta desconocido.

Os deseo a todos una buena Navidad y espero que nos volvamos a leer en 2025.

Alhama de Murcia, 17 de diciembre del año 2024.


 

17 dic 2024

BUSCANDO

 

Por pura casualidad he dado en los últimos días con dos noticias distanciadas en tiempo y en espacio pero que acaban siendo increíblemente parecidas.

Una la publicó el Heraldo de Aragón y ocurrió en la ciudad turca de Inegöl en 2021. Al parecer tras una noche de fiesta un grupo de amigos echó de menos a uno de ellos. Alarmados, acudieron a las autoridades y rápidamente se formaron grupos de búsqueda por los bosques cercanos al lugar donde habían estado celebrando. Tras comprobar que no aparecía después de varias horas, comenzaron a gritar su nombre, comprobando asombrados como un componente de uno de los grupos gritó “¡ese soy yo!”. El hombre en cuestión al escuchar que alguien se había perdido, rápidamente se unió a la búsqueda con toda su buena voluntad, sin pensar por un momento que se trataba de si mismo. Tampoco nadie se fijó en que, quien buscaban, iba con ellos.

La otra noticia la publicó La Vanguardia, esta pasó en Islandia en 2012 y la protagonista fue una mujer que estuvo un día entero ayudando a la policía en las labores de búsqueda de una persona antes de darse cuenta de que se trataba de ella misma. La mujer protagonista de esta noticia formaba parte de un grupo de excursionistas a Eldgjá, un cañón volcánico situado al sur del país. Cuando tocaba regresar, el conductor del autobús, convencido de que faltaba una pasajera, esperó durante una hora antes de salir de vuelta. Al llegar a la ciudad, el conductor dio parte a las autoridades, dando una pormenorizada descripción de la excursionista ausente.

Ninguno de los viajeros relacionó la definición, con la “desaparecida”, ni ella se reconoció. Tras un día de búsqueda, en la que la que participó activamente, cayó en la cuenta que la descripción se parecía mucho a la suya propia. La explicación que dieron después, los buscadores, es que se había cambiado de ropa.

En un principio son noticias que provocan una sonrisa y un juicio. Dejo a vuestra imaginación lo que podría pensarse. Yo me reí y juzgué en el momento de leerlas, pero luego se quedaron rondándome y dándome qué pensar.

Quizás no es tan raro que ocurran cosas como estas en el mundo que vivimos; tan deshumanizado que, posiblemente, quienes acompañaban a las personas que andaban perdidas, miraban más dentro de la pantalla del móvil que a quienes tenían a su alrededor. O dieron más importancia a la vestimenta, a la marca, que a la persona.

En cuanto a quienes se perdieron y emprendieron su propia búsqueda formando parte de grupos de ayuda, demostraron su carácter generoso y solidario, dedicando su tiempo para encontrar a esas personas desaparecidas que no eran otras que ellas mismas. Pero, a veces es necesario, para reconocerse y encontrarse, escuchar tu propio nombre.

 "En busca de un sueño" Silvio Rodriguez

14 nov 2024

EN MI PAIS LA LLUVIA NO SABE LLOVER

 

Hasta hace unos años, cada vez que había tormenta de noche o hacía mucho frío, recibía la llamada telefónica de mi madre, su pregunta siempre era la misma: ¿estáis todos recogidos en la casa?

El pasado martes, día 29, al mismo tiempo que oscurecía, se abrieron los cielos en Valencia y el agua, que tanto necesitábamos, cayó como una maldición sobre las casas de miles de personas que vieron como sus vidas y las de sus vecinos se ponían en peligro.

“En mi país la lluvia no sabe llover, o llueve poco o llueve demasiado. Si llueve poco es la sequía, si llueve mucho es la catástrofe. ¿Quién llevará la lluvia a la escuela? ¿Quién le dirá como llover?…” (“en mi país la lluvia”) Raimon.

Recordé aquellas llamadas que solía hacer mi madre cuando puse la radio (que emitió en directo durante toda esa larga noche) y escuchaba a tantas y tantas personas angustiadas que querían saber dónde estaban sus familiares, si estaban seguros, si estaban “recogidos en casa”.

Pero estas preguntas no tenían respuesta. Valencia estaba completamente incomunicada, sin luz, sin teléfono, sin Internet. La noche del 29 de octubre de 2024 se convirtió en la noche oscura de los tiempos más remotos del hombre, esa que estaba poblada de miedo y de monstruos.

No pude seguir escuchando mucho tiempo el horror inenarrable de toda esta gente. La impotencia ante lo que estaba pasando me angustiaba de tal manera que me propuse olvidarme durante unas horas de esta tragedia. No lo conseguí y mis pensamientos volaban a esa oscuridad en la que el agua y el lodo se enseñoreaban como los amos de todo.

A lo largo de los días que han seguido al 29, he escuchado a menudo que esto ha pasado siempre, que la historia está llena de riadas (así las llamábamos antes) que arrasaban cultivos y casas, arrastrando enseres y ahogando a personas. Esto es verdad, en  nuestra memoria y las de nuestros familiares ha habido riadas importantes que marcaron una época.

Lo chocante es que no se haya aprendido nada de la historia para que, cuando la Naturaleza actúe no haya tanto riesgo. Todo lo contrario.  Las imágenes que hemos podido ver son impactantes y reveladoras: amasijos imposibles de coches taponando las calles; edificios construidos en cauces de ramblas que las fuerzas de las aguas han socavado hasta hacerlos caer; urbanizaciones nacidas al amparo del desarrollo inmobiliario descontrolado, desaparecidas …

No, no es hora de buscar culpables, pero sí es hora de actuar con responsabilidad. Como lo han hecho los miles de jóvenes voluntarios que no se lo pensaron dos veces antes de enfundarse las botas, armarse de palas y escobas, para ayudar, aunque sólo fuese con un abrazo o un vaso de agua a quienes están sufriendo de forma tan terrible. “¿Quién me rescatará de mis años de desinformación y desmemoria?” (“En mi país la lluvia”).

"En mi país la lluvia". Raimón.

                                                     

28 oct 2024

HABLEMOS DE LIBROS

 

Los libros siempre han sido buenos compañeros a lo largo de mi vida. Unas ocasiones para evadirme de la realidad incómoda, otras como fuente de aprendizaje. Hay momentos en los que leer me parece imprescindible para intentar comprender lo que sucede y por qué.

La mayoría de veces llego a un libro a través de otro, una lectura me lleva a la siguiente. En estos últimos tiempos mi curiosidad e interés me han hecho recorrer caminos nuevos como las obras del filósofo coreano Byung-Chul Han, su obra “No-Cosas, quiebras del mundo de hoy” la considero casi de “obligada” lectura “…los libros electrónicos no tienen rostro ni historia. Se leen sin las manos. El acto de hojear es táctil, algo constitutivo de toda relación. Sin el tacto físico no se crean vínculos.”

Los últimos dos libros que han llegado a mis manos, están escritos hace mucho tiempo. “Nosotros” del escritor ruso Evgueni L. Zamiatin es de 1921 y está considerado como la primera novela distópica, anterior a las famosas “Un mundo feliz” o “1984”. En la Unión Soviética no se publicó hasta 1988. La historia que se cuenta en esta novela es una feroz crítica a los regímenes totalitarios y se ve que (por lo que sea) se dieron por aludidos. “Nosotros” es completamente actual en el difícil momento que vivimos a nivel mundial. Las distopias que se tornan realidad.

El otro libro es “Reencuentro” de Fred Uhlman, 1977. La manera en que este título llegó a mí,  encierra parte de la magia que envuelve al mundo lector. Un día, escuchando  la radio, llamó mi atención la historia que contó una mujer. Dijo (más o menos) que se lo había regalado a su hija hacía tiempo y que esta le dio las gracias, cuando lo leyó, diciéndole que era la primera vez que la había tratado como una adulta. Mi interés no fue nada original, el título del libro se hizo viral y en horas fue uno de los más buscados en las librerías (yo también lo busqué), estaba descatalogado y era imposible encontrarlo. Días después, hablando con mi hija, comentábamos la anécdota y me dijo: “yo tengo ese libro, lo compré hace tiempo…”

Anécdotas aparte, es una pequeña obra maestra, en él se narra, con una hermosa delicadeza la historia entre dos amigos, uno judío y otro alemán, que evidencia las consecuencias del nazismo. “sencillamente, no le entraba en la cabeza la idea de que un ser humano cuerdo pudiera poner en duda el derecho que le asistía a ella de vivir y morir en ese país”

(aquí os dejo el programa "un libro, una hora" dedicado a dicha obra)

Por último quiero hablaros de uno de los libros que en estos momentos llevo entre manos, “La policía de la memoria” de la autora japonesa Yoko Ogawa. El título nos indica sobre lo que trata. La Memoria y su importancia. Su autora lo hace mediante la historia de una isla en la que cada día desaparece algo y también la memoria que de ello se tiene. “me pregunto que será del jardín de rosas. Señorita, no tiene por qué preocuparse de eso. Crecerán otras flores. Quien sabe, tal vez acabe convertido en un viñedo, o en un cementerio…”

 

8 oct 2024

EL OLOR DEL TIEMPO

 

“el olfato es el sentido más antiguo, el que primero se desarrolló” “los demás sentidos crean sensaciones, el olfato genera emociones”. Juan Luis Arsuaga

El campo en Alhama, cuando se acercaba el otoño, era un escenario lleno de actividad. Había que recoger las últimas frutas de la temporada. Quienes tenían parrales se apresuraban cortando la uva, con la vista siempre en el cielo ante las temidas tormentas de granizo que podrían poner en riesgo todo un año de trabajo.

La mayoría de hogares alhameños tenía algún vínculo campesino proveedor de las frutas y verduras que, llegando esta época del año, se recogían en abundancia y en plena sazón. Al llegar el final del verano las mujeres se afanaban en la elaboración de conservas y mermeladas.

No había cámaras frigoríficas que facilitasen su conservación con fines industriales, lo que no se consumía se aprovechaba para hacer productos que estarían en las cocinas y en las mesas a lo largo de los meses de invierno. En cada casa había costumbres diferentes, dependiendo de los gustos o de los frutos de los que disponían.

Era el momento de hacer conserva con aquellos tomates maduros que desprendían un olor tan peculiar, había quien los mezclaba con pimientos y otras verduras. En esta tarea colaboraba toda la familia, sobre todo a la hora de envasar los frutos en los recipientes, a lo largo del año, se iban guardando las botellas vacías que más tarde se utilizarían para este menester (aun tardarían en llegar a nuestras vidas los tarros con tapón de rosca). Con los tomates que no maduraban y quedaban pequeños en las tomateras, se hacían unos riquísimos tomates encurtidos.

Mi actividad preferida era cuando se hacían  mermeladas. En mi casa, mi madre, las hacía de melón (a la que añadía cáscara de limón), de albaricoque y de tomate. El olor que llenaba la casa, al cocer las frutas con el azúcar, es algo que nunca olvidaré.

Recuerdo el aroma que desprendía la mermelada de tomate y su sabor, nunca la probé en ningún otro sitio que no fuese la casa de mis padres. Últimamente la he visto en  supermercados y restaurantes, pero nada que ver. La mermelada de tomate tenía para mi algo de mágico, el tomate se asocia con guisos o ensaladas, sin embargo, al convertirlo en mermelada, se producía una especie de alquimia en la que el fruto protagonista por excelencia de nuestra ensalada diaria, pasaba a ser un postre delicioso. Mi madre elaboraba esta mermelada con tomates maduros pelados, azúcar y le agregaba un elemento esencial: unas hojas de malvarrosa. Lamento no recordar la proporción de ingredientes (si alguna vez la supe) las proporciones eran más fruto del saber hacer que de una receta escrita con medidas.

Esta época del año, Alhama se llenaba de olores irrepetibles, a los de las frutas maduras y mermeladas se sumaban los de las flores; madrugadoras, como los jazmines que caían de los jazmineros y sembraban los suelos de patios y jardines o la nocturna Dama de noche que desplegaba toda su fragancia al caer la tarde.

“La vida sería mucho más agradable si uno pudiera llevarse a donde quiera que fuera los sabores y olores de la casa materna” Laura Esquivel.

 "Si viene de la tierra"

 

 

17 sept 2024

EL CUERPO Y LA SOMBRA

 

“la luz destapa las grietas de las frentes de los güertanos que se doblan por un fruto amargo, amarillo limón, amarillo infancia, amarillo chacho como chilla la chicharra en los julios, donde se espesa el aire, cuando entornas los ojos y el calor atraviesa a los críos que van en cueros por las calles de los pobres…” Laura Sam

Las casas eran pobres pero frescas; por las mañanas, puertas y ventanas permanecían abiertas hasta que el sol comenzaba a calentar, entonces todo se cerraba y la penumbra resguardaba el hogar, cada uno tenía un rincón o un pasillo que era el más fresco, hacia corriente,  esos lugares y los patios se ocupaban a la hora de la siesta, se tendían mantas en el suelo para dormir, los críos y crías hacían como que dormían y durante el sueño de los mayores aprovechaban para inventar historias y hacer travesuras.

Apenas bajaba el sol, se volvían a abrir puertas y ventanas. Las calles comenzaban a recibir el refrescante rocío del agua que las  manos de las mujeres hacían salpicar, con manos expertas, desde un cubo de cinc. Las calles eran de tierra, al recibir ese regalo devolvían su fragante olor a tierra húmeda y caliente, los portales de las casas se iban llenando de sillas de anea en las que las vecinas se sentaban a compartir sus historias mientras, con hábiles manos, hacían labores: remendar alguna camisa o pantalón del marido, hacerle un piquillo alrededor de las servilletas que había comprado para renovar las que ya estaban demasiado usadas…, las más jóvenes elaboraban, con ilusión, el ajuar que algún día usarían en su propio hogar. Los abuelos que ya no trabajaban, aprovechaban esa hora de la tarde para hacer pleita con manos rudas y cansadas de campesino que se tornaban ligeras como palomas mientras tejían esa labor.

Las calles se llenaban de vida al caer la tarde, los críos jugaban a mil cosas inventadas que casi siempre les hacían volver a casa con alguna rodilla raspada, las madres curaban estas heridas con un chorro de agua oxigenada, los niños seguían jugando y las madres volvían a su tarea.

Cuando llegaba la noche, se recogían las labores y las mujeres entraban en casa a preparar la cena para la familia. Los hombres llegaban del trabajo o de la taberna y ocupaban las sillas que habían quedado vacías, esperando. Era habitual que la cena se hiciese también en la calle, sobre la mesa no faltaba una ensalada con los productos que el padre había recogido en el campo, el plato de frito de berenjenas, pimientos y tomates, la hogaza de pan y algún embutido; el porrón de vino y la cántara de agua.

Tras la cena se reanudaban las conversaciones entre vecinos, los niños terminaban durmiéndose en el regazo de las madres o en cualquier portal hasta que llegaba la hora de dar las buenas noches e irse a dormir. Las calurosas noches se acompañaban de abanicos y ventanas abiertas.

Ahora veo las calles de mi pueblo desiertas, los bloques de pisos con vecinos que apenas se conocen, aparatos de aire acondicionado que vomitan más calor sobre la calle de asfalto ya caliente a cambio de fresco inmediato en los edificios llenos de pantallas. Los cuerpos, agotados por el trabajo y el agobiante calor han perdido la memoria para encontrar la refrescante sombra.

El cambio climático es una realidad producto de un cambio en las formas de vida. Cada año los veranos son más cálidos y, a la vez, nuestros cuerpos lo soportan menos.

"la voz de los poetas"

                                                 "